Lecturas de la misa

13 junio 2026

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  • Lectura del primer libro de los Reyes 19,19-21

    Lectura del primer libro de los Reyes19,19-21

    En aquellos días, partió Elías del monte y encontró a Eliseo, hijo de Safat, quien se hallaba arando. Frente a él tenía doce yuntas; él estaba con la duodécima. Pasó Elías a su lado y le echó su manto encima. Entonces Eliseo abandonó los bueyes y echó a correr tras Elías, diciendo: «Déjame ir a despedir a mi padre y a mi madre y te seguiré». Le respondió: «Anda y vuélvete, pues ¿qué te he hecho?» Eliseo volvió atrás, tomó la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio. Con el yugo de los bueyes asó la carne y la entregó al pueblo para que comiera. Luego se levantó, siguió a Elías y se puso a su servicio.

    Palabra de Dios.

  • —• Salmo 15 •—

    R/MTú eres, Señor, el lote de mi heredad.

    Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
    Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
    El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
    mi suerte está en tu mano.MR/

    Bendeciré al Señor que me aconseja,
    hasta de noche me instruye internamente.
    Tengo siempre presente al Señor,
    con él a mi derecha no vacilaré.MR/

    Por eso se me alegra el corazón,
    se gozan mis entrañas,
    y mi carne descansa esperanzada.
    Porque no me abandonarás en la región de los muertos
    ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.MR/

    Inmaculado Corazón de la Bienaventurada Virgen María

  • Lectura del santo evangelio según san Lucas 2,41-51

    Lectura del
    santo evangelio según san Lucas2,41-51

    Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el ca­mino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parien­tes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo. Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y hacién­doles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombra­dos de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscá­bamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que les dijo. Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos. Su madre conservaba todo esto en su corazón.

    Palabra del Señor.

Santos de ayer y de hoy

  • Santa Minia de Brion

    Corazón de Jesús,
    digno de toda alabanza,
    ten piedad de nosotros.

    Santa Minia de Brion

    Mártir (siglo IV)

    La tradición nos dice de ella que era una muchacha romana de origen noble que renunció a los privilegios terrenales por su amor al evangelio. Martirizada en circunstancias que no han trascendido, aunque se da por hecho que fue a comienzos del siglo IV durante el reinado del emperador Diocleciano, su cuerpo fue hallado en las catacumbas de Santa Inés y venerado en Roma hasta finales del siglo XVIII, tras lo cual recalaría en Brion, La Coruña. Aquí pronto brotó una gran devoción popular por ella, y desde 1848 su santuario recibe la visita de miles de fieles para su intercesión. Su fiesta, muy popular, se celebra cada 27 de septiembre y dura tres días. Se la representa recostada con la palma del martirio.

    Para entrar en el misterio de Dios,
    el hombre necesita mirar, detenerse a mirar,
    mirada que se convierte en tocar.
    Él debe subir por la «escala» del cuerpo,
    para encontrar en ella el camino
    al que le invita la fe.

    Benedicto XVI