Querida familia MAGNIFICAT:
«Sus heridas nos han curado» (Is 53,5). Esta frase del profeta Isaías en el cuarto cántico del Siervo de Yahvé ha servido recientemente a nuestro colaborador, el obispo noruego Erik Barden, para escribir una bella obra titulada precisamente Heridas que sanan (Ed. Encuentro 2025). Tomando como modelo literario un bello himno cisterciense del siglo XIII, el poema Rhythmica oratio de Arnulfo de Lovaina (1200-1248), el autor se acerca a cada una de las llagas del Crucificado.
La veneración de las llagas de Cristo fue muy intensa en la Edad Media y prepararon, con el tiempo, la veneración del costado abierto de Jesús, expresión del amor divino a la humanidad, como nos recordó el papa Francisco en su bella encíclica Dilexit nos. La mirada del creyente que se acerca a las llagas de Cristo, o a su Corazón, encuentra en ellas la puerta para adentrarse en el amor divino-humano del Redentor hacia nosotros y saberse curado por él, como referían aquellos versos de Lope de Vega:
Hoy, para rondar la puerta
de vuestro santo Costado,
Señor, un alma ha llegado
de amores de un muerto muerta. […]
Pues, como abierto os he visto,
a Dios quise entrar por vos:
que nadie se atreve a Dios
sin poner delante a Cristo.
Acerquémonos a las llagas del Redentor que todo lo hizo por ti y por mí. ¿Qué debo hacer yo por él?