Henry Ossawa Tanner († 1937) fue un afroamericano nacido en Pittsburgh, Pensilvania, en 1859, seis años antes de la abolición de la esclavitud. Su padre, un respetado escritor, fue un famoso promotor de la emancipación de los negros. Pastor de la Iglesia Metodista Episcopal Africana, fue misionero en Haití y luego fue nombrado obispo. Tuvo la alegría de ver a su hijo convertirse en uno de los más grandes pintores americanos y en un influyente misionero gracias a la consagración de su obra al evangelio a través de la pintura.
A la edad de 13 años, Henry Tanner vio a un artista con su caballete en el parque Fairmount, en Filadelfia, y allí decidió que sería pintor. Poniendo en práctica su resolución, con 20 años se inscribió en la Academia de Bellas Artes de Pensilvania. En 1891, con 32 años, habiendo adquirido ya una pequeña reputación, emprendió un viaje de estudios que le llevó a Europa. Seducido por París y la acogida que le dieron los círculos de artistas que allí florecían, se estableció en Francia, hasta su muerte cuarenta y seis años después.
En los primeros años, tuvo que librar una verdadera batalla espiritual frente a las seducciones de la vida del artista en la floreciente París de finales del XIX. Sin embargo, en la Navidad de 1896, enviaba una felicitación a sus padres en la que afirmaba: «He decidido servir a Dios más fielmente». A partir de entonces, se especializó en temas bíblicos y, más particularmente, evangélicos: «Siempre he querido usar mi arte para expresar mi fe. La creación del arte bíblico me permite sintetizar mi convicción espiritual con mi práctica artística». Esta síntesis será portadora de un fuerte compromiso misionero: «A través del arte, busco transmitir una realidad mayor, una realidad impregnada de la luz de la fe».
El reconocimiento a su talento llegó rápidamente: su Daniel en el foso de los leones fue aceptado en el Salón de 1896; y la Resurrección de Lázaro fue comprada por el gobierno francés, después de ganar un premio en el Salón de 1897. Al igual que la obra que ilustra la portada de Magnificat de este mes de abril, estas dos obras se exhiben ahora en el Museo d’Orsay.
Y caminó con ellos…
Con su Cristo y sus discípulos, pintado en 1905, Henry Tanner evolucionó del realismo al impresionismo contemporáneo, sin dejar de inspirarse en el simbolismo encarnado por Maurice Denis. El artista nos transmite, ante todo, su «impresión» a través de una versión tenue del famoso «azul Tanner» basado en una paleta de índigo y turquesa. Esta sutil paleta recrea una atmósfera ya crepuscular, teñida de una esperanza vibrante[1]. El pequeño sol que cuelga sobre Jesús no tiene nada que ver con un sol de poniente. Con su luz blanca, ilumina el azul de medianoche del cuadro, como si el Resucitado hubiera dejado a los suyos, que están en el mundo, el halo de su cuerpo glorioso hasta que regrese. «Que su luz reavive la llama de nuestra fe en la resurrección» es el mensaje que nos envía el artista. Y, dejando que Jesús y el paisaje aparezcan en color verde bajo la oscuridad de la tarde que cae, da testimonio de que esta fe es el fundamento de la esperanza cristiana y da sentido a la historia, a menudo oscura, por la que camina nuestra existencia terrena.
La escena describe el momento en que los dos discípulos se encuentran con Jesús, pero no lo reconocen. Vienen hacia nosotros, se sitúan en el borde del cuadro, como si, dando un paso más, fueran a salir de él para ofrecernos ocupar su lugar. El artista nos invita así a identificarnos con su caminar, con sus dudas, con sus miedos, pero también con su disponibilidad para escuchar las Escrituras…
Caminar con Jesús, escuchar su evangelio con el corazón ardiente, reconocerlo al partir el pan: el camino a Betania se revela aquí como una metáfora universal y atemporal. Nos invita a avanzar en nuestro camino de vida, dejándonos bañar por la luz íntima y ardiente de la fe en la resurrección del Señor.
[Traducido del original francés por Pablo Cervera Barranco]
Pierre-Marie DUMONT
• Cristo con sus discípulos (detalle, Ca. 1905), Henry Ossawa Tanner (1859-1937), Musée d’Orsay, París.
© akg-images/Erich Lessing.
[1] Para dejarse atrapar por esta «impresión», se puede contemplar la obra en su totalidad en el sitio web de Magnificat: www.magnificat.es/portada








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