Orar por el papa y sus intenciones pertenece a la esencia de la vida cristiana. Nuestra oración por el sucesor de Pedro se encuentra a diario en la plegaria eucarística, corazón de la celebración de la santa Misa: «Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la tierra, y con el papa León…»
El papa confía cada mes a su Red Mundial de Oración, el Apostolado de la Oración, dos intenciones (una anunciada al comienzo del año y la otra en la inmediatez del mes en curso) que expresan sus grandes preocupaciones por la humanidad y por la misión de la Iglesia. Son una convocatoria mundial para transformar nuestra plegaria en «gestos concretos». Resumen su plan de acción para movilizarnos cada mes por un propósito concreto que nos invita a construir un mundo más humano y más divino.
Oremos por los sacerdotes que atraviesan momentos de crisis en su vocación, para que encuentren el acompañamiento necesario y que las comunidades los apoyen con comprensión y oración.
«Los sacerdotes están tomados de entre los hombres» (Heb 5,1), por tanto, ni son dioses ni son ángeles: comparten la debilidad de la naturaleza humana tras la caída original, si bien es verdad que participan de una gracia especial en favor de los hombres para lo que se refiere a Dios. Con todo, tienen que arrostrar día a día el ejercicio de la fe, de la entrega a Dios y a los demás. En la parte humana de todo ello puede haber crisis (que significa «lucha» en griego), e incluso caídas. Hoy el entorno no solo no ayuda, sino que dificulta, y mucho, la vida y misión sacerdotal. Esto hace urgente que pongamos en práctica, con generosidad e intensidad, la oración del Papa para este mes. l
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La acción de ofrecer e interceder son actitudes genuinamente sacerdotales. Estamos llamados a amar «sacerdotalmente». Amar sacerdotalmente significa amar entregando la vida: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13)…
La dimensión «sacerdotal» del Corazón de Jesús es poco estudiada y divulgada. Todo un tesoro por redescubrir. Sin embargo, es una dimensión esencial dentro de la espiritualidad del Sagrado Corazón de Jesús. Ella es una espiritualidad inseparable del ofrecimiento de la vida. Cuando se profundiza en esta dimensión «sacerdotal» desde el Corazón de Jesús, esta dinamiza la vida cristiana, recuperando y reavivando la conciencia sacerdotal de todo el pueblo de Dios, tanto en los ministros como en los fieles laicos.
Caer en la cuenta de esa verdad «sacerdotal» de la que participa todo bautizado dinamiza la vida espiritual cristiana, la redimensiona dando una gran luz de fecundidad a toda su existencia y acciones. Por Cristo, con Cristo y en Cristo todo tiene valor sacerdotal ante los ojos del Padre.
Francisco Ignacio Hernández Rivero, FSCSJ
Ofrecimiento diario
por la Iglesia y por el mundo
V/ Ven, Espíritu Santo,
inflama nuestro corazón
en las ansias redentoras
del Corazón de Cristo.
R/ Para que ofrezcamos
de veras nuestras personas y obras,
en unión con él
por la redención del mundo.
Señor mío y Dios mío Jesucristo:
por el Corazón Inmaculado de María
me consagro a tu Corazón,
y me ofrezco contigo al Padre
en tu santo sacrificio del altar,
con mi oración y mi trabajo,
sufrimientos y alegrías de hoy,
en reparación de nuestros pecados
y para que venga a nosotros tu reino.
Te pido en especial:
por el Papa y sus intenciones,
por nuestro obispo
y sus intenciones,
por nuestro párroco
y sus intenciones.





