R/MMi boca contará tu salvación, Señor.
Llena estaba mi boca de tu alabanza
y de tu gloria todo el día.
No me rechaces ahora en la vejez;
me van faltando las fuerzas, no me abandones.MR/
Yo, en cambio, seguiré esperando,
redoblaré tus alabanzas;
mi boca contará tu justicia,
y todo el día tu salvación.MR/
Contaré tus proezas, Señor mío;
narraré tu justicia, tuya entera.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas.MR/
Yo te daré gracias, Dios mío,
con el arpa, por tu lealtad;
tocaré para ti la cítara,
Santo de Israel.MR/
Aleluya, aleluya, aleluya. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
l «Todo lo que tenía para vivir». La confianza en Dios de aquella viuda supera con mucho la religiosidad de los escribas y fariseos. No se apoya en la autosuficiencia, sino en la fidelidad de Dios que nunca abandona a sus pobres. Su larga vida es curtido testimonio de la providencia; si ahora se desprende de esas dos monedas, es porque el Creador no abandona la obra de sus manos. l
Lectura del
santo evangelio según san Marcos12,38-44
En aquel tiempo, Jesús, instruyendo al gentío, les decía: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en las plazas, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas y aparentan hacer largas oraciones. Esos recibirán una condenación más rigurosa». Estando Jesús sentado enfrente del tesoro del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban mucho; se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas, es decir, un cuadrante. Llamando a sus discípulos, les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas
Mira con bondad, Señor,
las ofrendas que presentamos en este santo altar
en la fiesta de san Norberto, para que glorifiquen
tu nombre y nos obtengan el perdón.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión
No sois vosotros los que me habéis elegido, dice el Señor, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca (cf. Jn 15,16).
O bien:
Bienaventurado aquel criado, a quien el Señor, cuando venga y llame a la puerta, lo encuentre en vela (cf. Lc 12,36-37).
Oración después de la comunión
Alimentados por estos sacramentos
te pedimos humildemente, Señor,
que, a ejemplo de san Norberto,
nos esforcemos en proclamar lo que él creyó
y en poner en práctica lo que enseñó.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



