R/MGlorifica al Señor, Jerusalén.
O bien:
R/MAleluya.
Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sion.
Que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti.MR/
Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz.MR/
Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos.MR/
Aleluya, aleluya, aleluya. El Hijo del hombre ha venido a servir y dar su vida en rescate por muchos.
l «Seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar». La gran promesa del Señor llega en un contexto extraño: miedo, incomprensión, ambición de poder, indignación. A quien no escucha, no entiende y no sabe lo que pide, el Señor le promete que participará de su pasión y será capaz de seguirle a él, que «no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos». l
Lectura del
santo evangelio según san Marcos10,32-45
En aquel tiempo, los discípulos estaban subiendo por el camino hacia Jerusalén y Jesús iba delante de ellos; ellos estaban sorprendidos y los que lo seguían tenían miedo. Él tomó aparte otra vez a los Doce y empezó a decirles lo que le iba a suceder: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, se burlarán de él, le escupirán, lo azotarán y lo matarán; y a los tres días resucitará». Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir». Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?» Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?» Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado». Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas
Dios todopoderoso,
mira el sacrificio que te ofrecemos
en la fiesta de san Agustín de Canterbury,
y concede a cuantos celebramos el misterio
de la pasión del Señor imitar lo que realizamos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión
Yo mismo apacentaré mis ovejas y las haré reposar, dice el Señor.
O bien:
Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, dice el Señor, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea.
Oración después de la comunión
Señor, por la eficacia de este sacramento
confirma a tus siervos en la verdadera fe
para que la proclamen de palabra y de obra en todas
partes, a ejemplo de san Agustín de Canterbury que,
por ella, trabajó y consagró su vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



