R/MProtégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
O bien:
R/MAleluya.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano.MR/
Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.MR/
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.MR/
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.MR/
Aleluya, aleluya, aleluya. Que todos sean uno –dice el Señor–, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, para que el mundo crea que tú me has enviado.
l «Para que sean uno, como nosotros somos uno». La unidad definitiva es la unidad trinitaria, en la que el Hijo nos invita a participar dándonos la gloria que el Padre le ha dado: el Espíritu Santo. El Espíritu obra el milagro: que el Hijo esté en nosotros y el Padre en él, de modo que seamos ya ahora –en la fe, esperanza y caridad– «completamente uno». l
Lectura del
santo evangelio según san Juan17,20-26
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró Jesús diciendo: «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas
Te pedimos, Señor,
que, en tu bondad, santifiques estos dones,
aceptes la ofrenda de este sacrificio espiritual
y nos transformes en oblación perenne.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio pascual o de la Ascensión páginas 208-211
Antífona de comunión
Os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito, dice el Señor. Aleluya (cf. Jn 16,7).
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor,
que el sacramento recibido
nos ilumine con su luz
y nos transforme con su participación,
para que merezcamos alcanzar
los dones espirituales.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración sobre las ofrendas
Al celebrar la muerte preciosa de tus santos,
te ofrecemos, Señor, aquel sacrificio
del que el martirio recibe todo el fundamento.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión
Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida que está en el paraíso de Dios. Aleluya (Ap 2,7).
O bien:
Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Aleluya (cf. Sal 32,1).
Oración después de la comunión
Al celebrar en este banquete divino
el triunfo celestial de los santos mártires
Cristóbal Magallanes y compañeros,
concede, Señor, la victoria
a quienes comen aquí el Pan vivo,
y permite a los vencedores
gustar del árbol de la vida en el paraíso.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



