R/MSeñor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.
Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.MR/
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán».
Mil años en tu presencia son un ayer que pasó;
una vela nocturna.MR/
Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.MR/
Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción
y sus hijos tu gloria.MR/
Aleluya, aleluya, aleluya. El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.
l «Esta imagen». Creado a imagen y semejanza, el hombre manifiesta la gloria de Dios, su belleza y su bondad. Pero, enamorado de su propia imagen, solo puede quererse a sí mismo, cerrando su corazón a cualquier relación con el prójimo, la creación y Dios. Su precio, sin embargo, es tasado en una moneda. «Vosotros valéis mucho más». l
Lectura del
santo evangelio según san Marcos12,13-17
En aquel tiempo, enviaron a Jesús algunos de los fariseos y de los herodianos, para cazarlo con una pregunta. Se acercaron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres veraz y no te preocupa lo que digan; porque no te fijas en apariencias, sino que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. ¿Es lícito pagar impuesto al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?» Adivinando su hipocresía, les replicó: «¿Por qué me tentáis? Traedme un denario, que lo vea». Se lo trajeron. Y él les preguntó: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?» Le contestaron: «Del César». Jesús les replicó: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Y se quedaron admirados.
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Padre santo,
las ofrendas que te presentamos
en la fiesta de tus santos mártires
y concédenos a nosotros,
siervos tuyos, permanecer siempre firmes
en la confesión de tu nombre.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión
Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino, dice el Señor, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino (cf. Lc 22,28-30).
O bien:
Esta es la gran recompensa de los santos junto a Dios: en verdad murieron por Cristo y viven eternamente.
Oración después de la comunión
Oh, Dios, que iluminaste de modo admirable
el misterio de la cruz en tus santos mártires, concédenos, por tu bondad,
que, fortalecidos por este sacrificio,
permanezcamos siempre fieles a Cristo
y trabajemos en la Iglesia
por la salvación de todos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



