R/MTus amigos, Señor,
proclaman la gloria de tu reinado.
O bien:
R/MAleluya.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas.MR/
Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.MR/
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.MR/
Aleluya, aleluya, aleluya. Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos; y entrara así en su gloria.
l «Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre». No debemos nunca olvidar que nuestra primera tarea como cristianos, miembros de la Iglesia-Esposa, es amar a nuestro Señor Jesucristo. Por lo mismo, el destino del Señor nunca debería sernos indiferente; antes bien, tendríamos que entristecernos por su sufrimiento y alegrarnos por su resurrección, ascensión y glorificación junto al Padre. l
Lectura del
santo evangelio según san Juan14,27-31a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo».
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas
Recibe, Señor, las ofrendas de tu Iglesia exultante,
y a quien diste motivo de tanto gozo
concédele disfrutar de la alegría eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio pascual páginas 208-210
Antífona de comunión
Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. Aleluya (Rom 6,8).
Oración después de la comunión
Mira, Señor, con bondad a tu pueblo
y, ya que has querido renovarlo
con estos sacramentos de vida eterna,
concédele llegar a la incorruptible resurrección
de la carne que habrá de ser glorificada.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



