R/MDios es el rey del mundo.
O bien:
R/MAleluya.
Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra.MR/
Él nos somete los pueblos
y nos sojuzga las naciones;
él nos escogió por heredad suya:
gloria de Jacob, su amado.MR/
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas:
tocad para Dios, tocad;
tocad para nuestro Rey, tocad.MR/
Aleluya, aleluya, aleluya. Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara de entre los muertos; y entrara así en su gloria.
l «Ese día no me preguntaréis nada». Para comprender la revelación, tenemos que tener «los sentimientos propios de Cristo Jesús» (Fil 2,5), es decir: alegrarnos como María porque «al mundo le ha nacido un hombre», Jesús; entristecernos con ella al pie de la cruz y junto al sepulcro; junto a ella, dejar que nuestra tristeza se convierta en gozo al contemplar la gloria y el gozo del Señor resucitado. l
Lectura del
santo evangelio según san Juan16,20-23a
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En verdad, en verdad os digo: vosotros lloraréis y os lamentaréis, mientras el mundo estará alegre; vosotros estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza, porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada».
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas
Acepta y santifica, Señor,
estos dones de pan y de vino,
fruto de la tierra que cultivó san Isidro, labrador,
regándola con el sudor de su frente.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión
Oró y el cielo dio la lluvia y la tierra produjo su fruto. Aleluya (cf. Sant 5,18).
O bien:
Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador. Aleluya (Jn 15,1).
Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor,
que el alimento santo que hemos recibido
sea en nosotros
siembra prometedora de cosecha abundante de caridad,
para que, a imitación de san Isidro,
cuya memoria hemos celebrado,
sepamos compartir nuestro pan de cada día
con nuestros hermanos los hombres.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



