R/MQué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios.
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sion
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti,
ciudad de Dios!MR/
«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes han nacido allí».MR/
Se dirá de Sion: «Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado».MR/
El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Este ha nacido allí».MR/
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti».MR/
Aleluya, aleluya, aleluya. Oh, feliz Virgen, que engendraste al Señor; oh, santa Madre de la Iglesia, que mantienes en nosotros el Espíritu de tu Hijo Jesucristo.
l «Junto a ella al discípulo al que amaba». En el único discípulo que permaneció al pie de la cruz estamos representados todos los que, junto a los demás discípulos, huimos dejando solo al Señor, o, junto a Pedro, lo negamos. Todos somos la Iglesia. El Señor, en la cruz, nos entrega a cada uno a su Madre; cada uno recibe, como herencia de amor, a la Madre de Jesús «como algo propio». l
Lectura del
santo evangelio según san Juan19,25-34
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: «Está cumplido». E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua.
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, nuestras ofrendas
y conviértelas en sacramento de salvación
que nos inflame en el amor de la Virgen María,
Madre de la Iglesia, y nos asocie más estrechamente
a ella en la obra de la redención.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio: María, modelo y Madre de la Iglesia
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
y alabarte debidamente en esta celebración
en honor de la Virgen María.
Ella, al aceptar a tu Verbo con inmaculado corazón,
mereció concebirlo en su seno virginal,
y, al dar a luz al Creador,
preparó el nacimiento de la Iglesia.
Ella, al recibir junto a la cruz
el testamento de tu amor divino,
tomó como hijos a todos los hombres,
nacidos a la vida sobrenatural por la muerte de Cristo.
Ella, esperando con los apóstoles
la venida del Espíritu,
al unir sus oraciones a las de los discípulos,
se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante.
Desde su asunción a los cielos,
acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina
y protege sus pasos hacia la patria celeste,
hasta la venida gloriosa del Señor.
Por eso, con los santos y todos los ángeles,
te alabamos, proclamando sin cesar: Santo…
Antífona de comunión
Había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; entonces Jesús comenzó sus signos y manifestó su gloria, y creyeron los discípulos en él (cf. Jn 2,1. 11).
O bien:
Jesús, desde la cruz, dijo al discípulo que tanto amaba: «Ahí tienes a tu madre» (cf. Jn 19,26-27).
Oración después de la comunión
Después de recibir la prenda de la redención
y de la vida, te pedimos, Señor,
que tu Iglesia, por la intercesión maternal de la Virgen,
anuncie a todas las gentes el evangelio
y llene el mundo entero de la efusión del Espíritu.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



